El otro día, el jueves 9, estuve en la presentación de las memorias anuales de Proespacio y Atecma en el Ministerio de Industria (Madrid). Estas dos asociaciones representan por una lado la industria espacial española, donde está la empresa donde yo trabajo, y la industria aeronáutica española.

Se trataba de dar una idea general de cómo estuvo el sector aeronáutico-espacial en España en 2004, pero la cosa resultó en un coñazo difícil de soportar. En total duró 4 horas, tiempo donde los ponentes se limitaron a leer unos powerpoints o unos discursos preparados, en ambos casos totalmente asépticos, sin mojarse lo más mínimo. Los cabezazos y las salidas al baño y a charlar por el móvil eran continuas mientras los ponentes seguían sodomizándonos con su lectura monotono. Es patético ver a señores directores generales e incluso señores ministros como salen a la palestra sin ningún pudor y se ponen a leer un rollo, que además de infumable es inútil, porque el contenido estaba vacío por completo. Además de dañar su imagen personal, la de su empresa o ministerio, es una falta de respeto hacia el público asistente, más de 150 personas en este caso.

En mi opinión, y seguro que en la de la mayoría, es mucho mejor exponer cuatro conceptos claros, concisos, en no más de media hora, que presuponer que la audiencia estará dispuesta a mantener la consciencia durante más de cuatro horas y encima martirizarlos con pésimas presentaciones.

Si una empresa es capaz de gastarse millones en dar un cóctel e invitar a la gente, azafatas, folletos, etc. ¿por qué no se plantean contratar a expertos en comunicación para dar una presentación en público? ¿Cuánto puede costar que un orador profesional de una presentación decente durante una hora? “Fulanito de Tal, representante de la empresa Tal, nos hará una presentación sobre Tal y cual” … creo que las empresas no consideran lo suficiente esta opción. Mientras tanto, seguiremos sufriendo en las butacas y mandando SMSs a los amigos mientras intentamos mantenernos despiertos.